La encrucijada existencial del PSOE

29/05/2026

Consultoría Avanzada Grupo Oclem

La forma en que desapareció el Partido Socialista italiano, en medio de una crisis de Estado por la corrupción generalizada, guarda bastantes similitudes con la actual situación política española, esencialmente, porque en ambos escenarios parecen confluir la negativa a asumir las responsabilidades propias por parte de los dirigentes y una respuesta victimista que pretendía situar a jueces y fiscales en el entramado de una supuesta conspiración antidemocrática. Ciertamente, hay diferencias de fondo que desdibujan cualquier paralelismo romano, entre otras razones, porque el sanchismo ha conseguido establecer un férreo control interno del PSOE, con una estructura de mando firmemente asentada en Ferraz, y, al mismo tiempo, ha llevado a la militancia a una dinámica de enfrentamiento y resistencia en relación con el adversario político, con la que mantiene un suelo electoral suficiente para su supervivencia como organización. Y, sin embargo, ese bloque de incondicionales, identitario y fuertemente ideologizado, no está siendo suficiente para conservar, al menos, unas mínimas cuotas de poder territorial allí donde se ha confrontado en las urnas con el centro derecha del PP y la derecha conservadora de Vox, situación que amenaza con generalizarse ante unas elecciones municipales que pintan mal, a decir de las encuestas, para la izquierda patria. De ahí, que cada vez se alcen más voces en el seno del socialismo español pidiendo a su secretario general y jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, un adelanto de las elecciones generales, como la única respuesta posible ante el previsible descalabro general del partido en los comicios locales y en los autonómicos que quedan por celebrarse. Entienden sus promotores que el PSOE puede recuperarse de una eventual derrota de Sánchez, incluso, si desemboca en una batalla interna de grandes proporciones, como parece indicar el actual enfrentamiento soterrado entre facciones sanchistas, pero que corre el riesgo de desaparecer si pierde la influencia social, económica y política en ayuntamientos y autonomías, tal y como viene sucediendo. Por supuesto, nadie está en condiciones de calcular cuál es la masa crítica interna que podría decantar la decisión, pero la experiencia de lo que llevamos de legislatura dice que la hipótesis de una imposición a la voluntad del inquilino de La Moncloa es como hacer un brindis al sol. En efecto, nada indica que Sánchez, a quien no le ha temblado el pulso a la hora de enviar a una derrota electoral cierta a sus principales colaboradores, esté dispuesto a ponerse en riesgo, más aún cuando la cascada de procedimientos judiciales que amenazan al partido, a sus familiares y personas de su máxima confianza, y al propio Gobierno no deja de crecer y, por lo tanto, deviene en algo fundamental mantener el máximo control posible de la Fiscalía y la Abogacía del Estado. En definitiva, que todo indica que Pedro Sánchez, puesto en la tesitura de elegir entre su interés personal y el del PSOE, se elegirá a sí mismo, convencido de que un golpe de suerte o un cambio dramático de las circunstancias le permitirá mantenerse en el poder hasta el final de la legislatura, en el verano de 2027. Si, mientras tanto, sufre el partido una pérdida de influencia local y autonómica que puede ser fatal, carece de importancia.

Noticias que te pueden interesar