Javier Melero es conocido por ser un prestigioso abogado barcelonés. De su experiencia como letrado nace una novela adictiva que acaba de publicar Tusquets. Es «Crímenes decentes» donde, bajo la huella de su oficio y de los clásicos de la novela negra, nos presenta al ambicioso abogado Rovira que se ve envuelto en un caso que implica a una de las más prestigiosas familias de Barcelona. El autor habló con este diario en la siguiente entrevista.

Es inevitable empezar preguntándole si en «Crímenes decentes» cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Es una obra de ficción como lo pueden ser «Los tres mosqueteros».
Aunque según vamos leyendo es relativamente fácil asociari algunos nombres con personajes reales de Barcelona.
Sí, es muy fácil asociar nombres con situaciones reales. A mí me pasa también cuando leo «Los hermanos Karamazov».
¿Qué es un crimen decente?
Es aquel que, después de haber sido cometido, deja el mundo mejor de lo que estaba. Hay muchos ejemplos, pero siempre pongo el del pobre tipo que estuvo a punto de cargarse a Hitler en una cervecería. Nadie me negará que el hombre no merece un juicio demasiado severo. Luego están los crímenes que comete la gente considerada como decente, socialmente decente, los de gente que tiene muchísimas estrategias de justificación y que, desde luego, tienen una opinión magnífica sobre sus crímenes.
Y con su larga experiencia como abogado, ¿la ficción es el mejor refugio para explicar todo esto?
Sí, yo creo que sí, porque la realidad muchas veces es anticlimática y, a veces, puede hacer daño innecesariamente. En cambio, la ficción, los personajes, los estereotipos pueden moverse con más libertad.
El no estar en activo dentro de la abogacía, ¿le permite más libertad como autor de ficción?
Bueno, desde que no estoy en activo noto una mayor sensación de libertad. Siempre pensaba, no por mí, pero sobre todo por los clientes. Hablar del juez fulano con una copa de más, o del fiscal zutano que tiene la agudeza de un calamar podía redundar el perjuicio de alguien. Ahora la verdad es que me es igual.
¿Y qué tiene de la mirada ambiciosa de Rovira?
Lo que todos los personajes. Es una creación mía. Yo me identifico más con el asesino cubano.
¿Y comparte con él esa mirada crítica hacia Barcelona, su disgusto ante la obra de Gaudí?
Estoy de acuerdo con él en bastantes cosas, por lo menos en las descripciones de la ciudad y el criterio de selección de restaurantes. En otras cosas, él va mucho más allá de lo que iría. ¿Y sobre Gaudí? Los que vivimos aquí estamos bastante hartos de Gaudí, que no dejaba de ser un meapilas con talento. Cada vez encuentro opiniones más agresivas contra esto de la Sagrada Familia.
¿La Justicia es igual para todos?
La gente que es muy rica y muy influyente siempre tiene una posición de poder superior a la gente que no está en las mismas circunstancias. Aunque la justicia pretenda ser ecuánime, un señor que se puede contratar ocho peritos para defender un delito fiscal está mucho mejor que el que no puede contratar a ninguno. Ni el juez más justo del mundo va a hacer nada para evitarlo. Eso ocurre también con la sanidad, con la educación… Este libro trata de lo que ocurre en la justicia, pero no es una excepción.
Por tanto, no es igual…
La Justicia pretende ser igual para todos. Tenemos que seguir confiando en ella, como podemos confiar en la agencia tributaria, en el cuerpo de ingenieros de caminos del Estado…
¿Y la presunción de inocencia?
Va por barrios. Conforme avanza el procedimiento contra más informes hacia la policía o la fiscalía, menos presunción de inocencia tienes. Cuando llegas a juicio te queda muy poca.


